05 abril 2009

TATUAJE ~ FORMA DE ARTE CORPORAL



El tatuaje es una de las formas artísticas más antiguas de la humanidad. Para algunos, tatuarse el cuerpo es parte de una moda, pero entre muchas culturas indígenas este arte corporal es mucho más que un mero adorno. La práctica ritual del tatuaje tuvo y tiene entre los más diversos pueblos del planeta un poderoso significado social y espiritual. Para ellos los tatuajes expresan su identidad en diversos niveles, desde características de tipo personal hasta de pertenencia social. En la cultura occidental los tatuajes se ven más como una manera de celebrar la individualidad, aunque también puedan usarse para identificar a los miembros de alguna comunidad.
En este texto esta la tradición del tatuaje de las islas del mar Pacífico, que es donde alcanzó su mayor significado cultural, así como un alto grado de desarrollo artístico.
PANORÀMICA DE LA PRÁCTICA DEL TATUAJE EN LA HISTORIA
Desde el inicio de la historia de la humanidad ha existido la práctica del tatuaje. La momia de un caminante que murió congelado hace 5 mil 300 años en los hielos alpinos tiene uno en la espalda. Los egipcios practicaban la técnica del tatuaje ya en el 2000 a. de N. E. En el pasado fue una forma popular de adorno en China, India y Japón, así como en numerosos pueblos de Colombia, Brasil y la región del Gran Chaco (Argentina, Paraguay y Bolivia). Existía la creencia de que los tatuajes eran un tipo de “escudo” que protegía al que lo portaba contra la mala suerte y las enfermedades. También se utilizaban como identificadores del prestigio social, del rango o de pertenencia a un grupo determinado. En América del Norte se asoció el tatuaje con prácticas religiosas y mágicas; tatuarse era un rito simbólico y una marca única que permitiría que el alma superara los obstáculos en su camino a la muerte.
También se usaba en la antigüedad para impresionar y asustar a los enemigos en el campo de batalla. En las antiguas poblaciones británicas este método de intimidación fue utilizado por los guerreros que al tatuarse la cara y cuerpos en preparación para la guerra, lograban desmoralizar e infundir temor a los enemigos. El tatuaje en otras partes se usaba como castigo. Las personas acusadas de sacrilegio debían ser tatuadas. Al extenderse el cristianismo, en el Imperio Romano se abandonó lentamente el tatuaje de esclavos y criminales. El emperador Constantino, primer emperador de Roma, emitió un decreto en contra de la actividad del tatuaje, y esta posición ha sido adoptada por varias religiones hasta nuestros días. A pesar de esto existen registros de que los guerreros de las cruzadas se hacían tatuar crucifijos para asegurar un entierro cristiano. De la misma manera, los peregrinos que iban a Jerusalén, se hacían tatuar crucifijos para recordar su viaje y como presencia constante de su fe.
Esta práctica también fue común entre los nativos de Centroamérica, que tatuaban en sus cuerpos imágenes de dioses. Pero donde mayor relevancia cultural y desarrollo artístico cobró la práctica del tatuaje fue entre los pueblos que habitaron las islas del mar Pacífico.
EL ANTIGUO ARTE DEL TATUAJE EN LAS ISLAS DEL MAR DEL PACÌFICO
El arte del tatuaje alcanzó un desarrollo muy importante en diversas islas del Pacífico (especialmente en los archipiélagos de la Polinesia francesa, Hawaii y en Nueva Zelanda), donde se le entiende como “lenguaje de los antiguos”. Como en la tradición Polinesia no existía la escritura, se usó la riqueza sígnica del tatuaje como forma de expresión de la identidad personal y cultural. El tatuaje se usaba para ubicar el estatus de una persona en la escala social, así como para determinar diferenciaciones de tipo sexual, de rango y de clan familiar. También se consideraba esta práctica ritual como una efectiva protección contra espíritus malignos y se le usaba en ritos de iniciación en el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, alrededor de los 12 años. Durante esta fiesta de iniciación, los hombres jóvenes mostraban sus tatuajes como prueba de madurez. En otras islas, como en Papua Nueva Guinea, las mujeres cubrían su cara con tatuajes curvilíneos durante la ceremonia de pubertad, con la cual se indicaba que estaban listas para casarse.
El arte del tatuaje estaba reglamentado mediante estrictas leyes y sólo podía ser practicado por maestros de reconocido ascendiente social, que algunas veces también actuaban como guías espirituales. Tradicionalmente, el tatuaje se realizaba usando una herramienta afilada y tinta indeleble oscura, hecha a base de cenizas de cáscara de coco mezclada con aceite de coco o agua caliente. Las herramientas para punzar la piel eran huesos o dientes de animales (por ejemplo de tiburón), conchas de mar o pedazos de caparazón de tortuga. El proceso de tatuaje era muy doloroso y mientras se realizaba, el tatuador y sus asistentes entonaban cánticos rituales. Como parte del ritual, cada gota de sangre se limpiaba rápidamente para evitar que cayera al suelo.
En la cultura de las islas Marquesas el arte del tatuaje se expresa entre los hombres a través de formas geométricas que llegan a cubrir todo el cuerpo, incluyendo la cara y hasta la lengua. Las mujeres sólo se tatúan los hombros, la parte inferior de la espalda, las manos y el borde de los labios. La enorme variedad de diseños se relacionan con la naturaleza (animales como tortugas, tiburones, pájaros o iguanas; plantas como el bambú, la caña de azúcar, los cocoteros, etcétera) o con algunas leyendas o actividades como la pesca. Ciertas figuras denotaban identidades sociales: por ejemplo, sólo podía tatuarse una iguana en la cara una persona de rango social muy alto.
Para los maori de Nueva Zelanda el tatuaje también es esencial como signo de identidad cultural. En lengua maori, el tatuaje tradicional se conoce como moko y en términos formales se define a través de la simetría. Hasta principios del siglo XX, los hombres maori lucían tatuajes en la cara y en la parte baja del cuerpo, entre la cintura y las rodillas. Las mujeres se tatuaban alrededor de la boca y en el mentón. Los diseños típicos de los moko faciales de los hombres consistían en líneas paralelas de la nariz al mentón y sobre las cejas hacia las orejas. También adornaban sus mejillas, nariz, frente y mentón con diseños espirales o curvilíneos. La tradición maori considera los diseños del moko tan personales, que algunos hombres firmaban documentos con ellos. Asimismo, las esculturas de madera representando a los ancestros colocadas en sus casas de reunión también tienen su moko distintivo. Según la mitología maori, el tatuaje, el tejido y la escultura fueron entregados a los hombres por la diosa del Nacimiento. Por ello se establece que cada moko contiene un simbolismo de nacimiento-muerte que une a todos los seres humanos con sus ancestros.
Como sucedió en otras islas del Pacífico, en el antiguo Japón usaron tatuajes personajes notables; pero con el tiempo terminó por estar reservado para aquellos que habían cometido crímenes serios y los individuos tatuados eran marginados de la sociedad. El emperador Matsuhito, ante la apertura de Japón al Occidente, decidió prohibir los tatuajes para no dar la impresión de salvajismo ante los extranjeros.
Hacia finales del siglo XVIII la práctica del tatuaje se volvió popular en Europa gracias a los exploradores de los mares del Sur. El término tatuaje deriva de la palabra tahitiana Tatau, que significa algo así como “golpear repetidamente”, y hace alusión a la manera en que tradicionalmente se realizaban las marcas sobre la piel. Este vocablo fue introducido a Occidente por el explorador inglés James Cook, quien conoció el arte del tatuaje en las islas Marquesas. Banks, artista científico que navegó con el capitán Cook, describió en 1769 el proceso del tatuaje en la Polinesia. Los marineros de la expedición de Cook iniciaron la tradición de los hombres de mar tatuados y extendieron rápidamente esta afición entre otros europeos.
Cuando llegaron los misioneros religiosos a las islas del Pacífico, una de sus primeras acciones fue prohibir terminantemente el tatuaje tradicional, con lo cual este arte fue olvidado durante cientos de años. Pero renació en la década de los años 80 del siglo XX y actualmente se practica con fuerza renovada en esa zona del mundo, especialmente en Borneo, las islas Marquesas, Tahití y Hawaii.

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